Los cinismos se cubren con disculpas



Estamos en un país en que frente a la cercanía del Tercer Informe de Gobierno, del tercer corte de caja de Enrique Peña Nieto, éste no podrá darnos una visión objetiva de la situación financiera de la nación, que reconozca la magnitud del problema
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Twitter: HELÃHERRERA.es

México vive una desconexión absoluta y preocupante de la visión gubernamental y del discurso oficial, con el ambiente que los empresarios tienen con sus negocios; los trabajadores en sus empleos; con las amas de casa en sus hogares y con todos aquellos que se dedican a las variadas actividades profesionales por cuenta propia.
Hace apenas una semana el secretario de Hacienda Luis Videgaray declaró que se estaba devaluando nuestra moneda, pero que los índices de inflación están en sus mínimos históricos, presumiendo además las bajas tasas de interés bancarias, que en finanzas sanas son un aliciente para generar préstamos baratos para la actividad productiva, pero que en la nuestra propicia fuga de divisas y depreciación monetaria, manifestando, como si lo anterior fuera poco, que nuestra economía estaba creciendo.
Estas alabanzas peña-nietistas como la baja inflación en mínimos históricos está colgada de alfileres, porque la cantidad de empresas que han tenido que soportar el alza de los insumos (importaciones con dólar caro), sin que repercuta en sus precios finales, ya no la pueden aguantar más y antes de que termine el año tendrán que cobrárselo al consumidor, lo que disparará la inflación.
La otra fortaleza que presumen relativa a las bajas tasas de interés es cierto, pero no como resultado de una economía boyante, sino porque en Estados Unidos aún no las han subido. Tan pronto eso ocurra esa gran ventaja de las tasas bajas la va a hacer pedazos y eso, si antes el Banco de México no decide elevarlas para darle una ayudadita al peso (oxígeno de boca a boca), porque la verdad es que en el cuadrilátero, el dólar le está pegando una paliza monumental al peso. Antes de que llegara Peña Nieto a Los Pinos todavía existía el peso; hoy tenemos que utilizar una lupa para encontrarlo.
Estamos en un país en que frente a la cercanía del Tercer Informe de Gobierno, del tercer corte de caja de Enrique Peña Nieto, éste no podrá darnos una visión objetiva de la situación financiera de la nación, que reconozca la magnitud del problema porque toda su vida ha sido de medias verdades y medias mentiras. De hacerlo el pesimismo social podría convertirse en un detonante de franca inestabilidad porque los problemas financieros de México son mayúsculos. En la esfera de la producción de la economía el ritmo de crecimiento que estamos teniendo no es siquiera para gritar, sino para susurrar que México va en el rumbo incorrecto.
Vivimos un momento en que la volatilidad internacional crece, la incertidumbre entre empresarios se incrementa, el pesimismo entre consumidores avanza y observamos un gran divorcio entre el discurso oficial y la realidad que todos estamos viviendo frente a un gobierno y un gabinete inexperto, que en estos tres años de su mandato nos han dado una paliza (cada día se registran 2 mil 470 pobres más. De las personas que ganan un salario mínimo 58 por ciento están en pobreza y 12 por ciento en pobreza extrema y si observamos a los que perciben dos salarios mínimos 42.3 por ciento están en pobreza moderada y 4 por ciento en pobreza extrema. Eso representa 2 millones de hogares donde viven 10 millones de personas y quiere decir que una quinta parte del total de pobres trabaja
y llegan así a una conclusión desesperanzadora: quienes trabajan en esta nación están recibiendo menos dinero que hace cinco y que hace 20 años). ¡¡Vaya vapuleada!!
Es incomprensible que están viendo que el dólar le gana 4 pesos a nuestra moneda; que lo mismo le está haciendo a todas las monedas del mundo y que esto se debe a que los capitalistas están buscando un refugio para sus fortunas y lo están encontrando en la divisa norteamericana y no se les ha ocurrido (de ocurrencia por lo menos), subir las tasas de interés para evitar la fuga de capitales.
El tsunami de flujos de dinero está buscando refugio en Estados Unidos porque todos sabemos que de un momento a otro van a subir las tasas de interés y mientras acá Videgaray presume como una fortaleza los bajos, bajísimos intereses que los bancos pagan por el ahorro social (contrario a las multimillonarias ganancias que éstos tienen), sin entender que éste es motor para el desarrollo.
Siguen ciegos y no ven que ese fenómeno ya hizo que Canadá entrara en recesión, que Brasil esté en recesión técnica; que Japón haya tenido un semestre negativo revirtiéndole todos los avances que había alcanzado, que la Unión Europea está semidespedazada (solamente el motor Alemania la mantiene funcionando). Estas son algunas de las muchas señales que debieron ver los neoliberales peña-nietistas y no pudieron leer estos mensajes globales, como el gobierno chino que nos dijo “vamos aplicar toda la política monetaria para reactivar la nuestra de manera sagaz, inteligente, mientras el resto del mundo se sigue alineando a las políticas económicas de la reserva federal, del Banco Mundial, del Fondo Monetario Internacional, del Banco Interamericano de Desarrollo para intentar detener esta vorágine financiera†y en México quisieron superar estas dificultades con unas reformas pomposamente llamadas estructurales, rebasadas por la realidad económica del país y todo por no comprender justamente las señales que el moribundo capitalismo está mandando a todo el mundo.
Le guste o no a la nomenklatura gubernamental México ya está en una economía de posguerra y como tal debemos enfrentarla, construyendo un programa económico emergente. El primer paso es reconocer la gravedad de la situación. Si no le damos un baño de realidad a este problema difícilmente vamos a tener un diagnóstico serio para salvar nuestra economía.
Debería el gobierno convocar a una verdadera cruzada nacional, a una alianza, a un acuerdo nacional a favor del estímulo de la inversión productiva, de la generación de empleos (reales), de una campaña mediática del consumo doméstico antes que el extranjero, todo junto para reactivar la actividad productiva en este país.
Es momento de que el peñismo ajuste las tasas de interés antes que la fuga de capitales destroce la averiada nave mexicana por la falta de visión y compromiso social de los que (des)gobiernan esta gran nación.
El viraje, el golpe de timón a las políticas económicas de Peña Nieto y sus aliados es ya o de una economía de posguerra pasaremos a una de guerra misma.
Solo nos queda rezar para que eso no ocurra, porque con estos políticos a veces verdes y a veces tricolores o políticos muy verdes todo se puede esperar, menos que hagan lo correcto.